El cansancio y la fatiga pueden ser una enfermedad

Cuando la fatiga persiste, alguna cosa más seria puede estar afectando nuestro cuerpo. Descubre por qué los médicos están redefiniendo el esfuerzo en conocer más sobre el cansancio como un síntoma; e incluso, como una enfermedad.

María Helena Lapenda, de 56 años, puede decir que se cayó literalmente de la cama por causa de… cansancio. Pero no cualquier cansancio. Las noches de sueño no podían reponer sus energías para levantarse, lo que le exigía un esfuerzo inmenso durante todo el día y, para completar, una sensación dolorosa se difundía por sus hombros, cabeza y miembros, comprometiendo los mínimos movimientos como el de llevar un tenedor a la boca.

“Yo trabajaba dos días y necesitaba quedarme el resto de la semana en la cama. Estaba cansada hasta para hablar”, cuenta la secretaria. Después de años de idas y venidas entre hospitales y de ser etiquetada de mandos de la familia, María Helena recibió su diagnóstico: síndrome de fatiga crónica.

Esta condición, que se caracteriza por un esfuerzo incapacitante, comenzó a ser estudiada en el final de los años 1980 y, desde entonces, fue puntuada de controversias. Esto porque, por más que el médico visita al paciente, no encuentra cambios fisiológicos significativos, lo que dificulta no sólo la detección; sino la propia comprensión de quien vive con ese peso sobre la espalda y la cabeza.

Los misterios que rondan la enfermedad, que afectaría a un máximo de 1,5% de la población mundial, están haciendo que los expertos revisen su definición. Y el tiro del debate implica la propia nomenclatura. El Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos propone un cambio: en vez de síndrome de fatiga crónica, la más fiel sería adoptar el término “enfermedad de la intolerancia sistémica al esfuerzo”.

Los expertos creen que agregar la palabra “enfermedad” ampliará la atención y la seriedad recogidas por el problema. “El prejuicio y la falta de información son los mayores obstáculos que enfrentan los titulares de hoy”, afirma Jason Leonard, estudioso del tema y profesor de psicología en la Universidad DePaul, en Chicago (Estados Unidos). Obstáculos que impiden el diagnóstico correcto.

Al comparar los datos epidemiológicos del Reino Unido con los de nuestro país, el investigador coreano Hyong Jin Cho, de la Universidad de California (Estados Unidos), encontró que la prevalencia era casi la misma (2 y 1,6%, respectivamente). Sólo que el diagnóstico era dado en la proporción de 11 a 1.

O sea, miles de personas deambulan sin recibir el informe y el seguimiento adecuados. Uno de los motivos es la interpretación subjetiva de la fatiga y el otro, la falta de pruebas de laboratorio específicos. “Además, diversas condiciones tienen la fatiga como síntoma, en el caso del hipotiroidismo y la carencia de vitaminas. Aquí es preciso hacer una serie de exámenes para descartar otros problemas”, argumenta el reumatólogos Roberto Heymann, de la Universidad Federal de São Paulo.

La cuestión que intriga a los científicos (y los pacientes) es la de saber de dónde brota el cansancio sin fin. Una de las hipótesis más aceptadas dice que la enfermedad de base genética, está ligada a los fallos en el eje que conecta el sistema nervioso a la fabricación de algunas hormonas, como el cortisol, que coordina nuestra reacción al estrés.

El psiquiatra Mario Francisco Juruena, profesor de la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo, explica que el bajo nivel de esta sustancia hace que la mitad de los portadores de fatiga crónica presenta también un cuadro de depresión atípica. “Además del desánimo, esta enfermedad viene asociada a la compulsión por los dulces y otros alimentos de alto contenido calórico, sedentarismo, sueño excesivo y alta sensibilidad emocional”, describe el experto, que pasó seis años investigando el tema en Inglaterra.

Una curiosidad de la condición, es que afecta ligeramente a más mujeres que hombres, es que muchas veces se manifiesta después de una infección por bacterias o virus, especialmente el de la gripe. Los síntomas comunes (fiebre, secreción nasal y dolor de garganta) se van, pero se quedan de presente el esfuerzo y la falta de ánimo.

Sólo que no se puede responsabilizar sólo a los agentes microscópicos. Hay todo un escenario psicológico que favorece la enfermedad del cansancio. “Muchos pacientes han pasado por una gran situación de estrés en la infancia, como la pérdida de seres queridos, maltrato físicos o abuso sexual”, cuenta Juruena.

Es por esta razón que en la actualidad el tratamiento del problema no depende sólo de medicamentos como los antidepresivos y ansiolíticos y de suplementos vitamínicos; sino que también se suele poner énfasis en las sesiones de psicoterapia. “Todavía no se habla de curación, ya que no conocemos todos los factores que determinan la enfermedad, pero sus síntomas son tratables y es posible garantizar una mejora en la calidad de vida”, afirma la psicóloga Rafaela Teixeira Zorzanelli, profesora del Instituto de Medicina Social de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

Otra medida que despunta con buenos resultados es la llamada terapia de ejercicio gradual (GET, por sus siglas en inglés), un programa de actividades físicas personalizadas. Un estudio publicado recientemente por científicos británicos en la revista médica The Lancet Psychiatry muestra que vencer el miedo de moverse y de adherirse despacio, muy despacio, los ejercicios pueden responder hasta un 60% de mejora en el tratamiento. La GET comienza con pequeños movimientos (sentarse en la cama y levantarse, por ejemplo) y evoluciona hacia una modalidad más consistente, como senderismo ligero.

Y es exactamente eso lo que María Elena está haciendo con éxito. “Andar en la playa aquí, cerca de casa, es mi mayor logro. Es como si empezara a vivir de nuevo”, celebra. Combinar el seguimiento médico, ciertos medicamentos y programas que trabajen con la mente y el cuerpo parece ser el plan perfecto para ganar la lucha contra esta enfermedad misteriosa y extenuante por naturaleza.

Hombre con fatiga y cansancio

Hombre con fatiga y cansancio

Síntomas de la fatiga crónica

El individuo se enmarca en la fatiga crónica se presenta por lo menos cuatro de los signos que figuran a continuación en un período igual o mayor que seis meses:

  • Fatiga persistente y sin que sea el resultado de un gran esfuerzo
  • Dificultad de concentración
  • Pérdida constante de recuerdos recientes
  • La oscilación de humor entre la tristeza y la euforia
  • El estrés y la ansiedad crónicas
  • Somnolencia diurna
  • Dolores musculares por todo el cuerpo sin causa aparente
  • Dolores en las articulaciones (sin evidencia de artritis)
  • Dolor de cabeza intenso
  • Fatiga insoportable después de un esfuerzo físico
  • Hinchazón de los ganglios linfáticos
  • Inflamación de la garganta

La fatiga también puede ser una señal de:

  1. Hipotiroidismo: el déficit en la producción de las hormonas de la tiroides afecta a todo el metabolismo y genera un cansancio excesivo.
  2. Insuficiencia cardiaca: el corazón pierde la capacidad de bombear la sangre y el cuerpo carece de oxígeno y nutrientes.
  3. Diabetes: además de la deshidratación provocada por la pérdida de orina, las células no reciben la glucosa correctamente, por lo que el cuerpo no cuenta con la energía necesaria.
  4. Depresión: los cambios químicos en el cerebro interfieren en el sueño, en el estado de ánimo y la fatiga física y mental.
  5. Apnea del sueño: marcado por las interrupciones en el paso del aire, el trastorno afecta al rendimiento diurno.

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