Relación médico-paciente

Se ha demostrado que el paciente que pregunta al médico, busca segundas opiniones, investiga por su cuenta y se involucra con su enfermedad y su tratamiento, tiene mejores resultados y está más satisfecho con ellos.

A medida que las opciones de cuidado médico aumentan, la gente cada vez le concede más importancia al informarse a la hora de tratar con un médico. Hacerse parte en el tratamiento y cuidado de cualquier enfermedad que se padezca, o en el posible mal que sufra un ser querido al cual le sea imposible valerse por sí mismo, es primordial. Nunca es bueno delegar enteramente todo el cuidado que uno debe tener con sigo mismo al médico. Y esto puede hacer una diferencia de vida o muerte.

No se trata de desconfiar del médico., pero el especialista no tiene por qué saberlo todo, y es el enfermo quien debe hacerse responsable por el tratamiento al cual está sometido. Es por esto, que la persona no debe acobardarse en consultar a otros pacientes del mismo médico acerca del desempeño del mismo.

Hace 40 años las personas se quedaban con el mismo médico por generaciones, y a menudo pasaban su devoción por cierto médico a sus hijos. Ahora, es todo lo contrario. Con los cambios de planes de salud, el cambio de doctor es prácticamente inevitable y cosa casi corriente, de modo que el paciente debe entender su propia historia médica lo suficientemente bien como para informarle al nuevo facultativo.

Muchas personas -aunque cada vez menos- delegan sus deciciones médicas enteramente en el doctor, pero cada vez es más normal, e incluso se espera, que busquen una segunda o tercera opinión. El Colegio Médico de los EE.UU. declaró que todos los pacientes tienen el derecho de estar informados y estar al tanto de su condición médica, sus pronósticos y alternativas de tratamientos. Es decir, que aunque el doctor no prefiera tal tratamiento o no lo sepa realizar, debe decirle a su paciente que existe y explicarle por qué él no lo recomienda.

Estos es un cambio gigante si tomamos en cuenta que en la década de los 60′, la mayoría de los doctores no le decían a sus pacientes que sufrían de cáncer.

Quienes están al tanto de su enfermedad y han tratado de educarse con respecto a ella pasan menos tiempo en el hospital, sufren menos complicaciones, padecen menor grado de estrés relacionado al tratamiento y se sienten más satisfechos con los resultados, según la Comision de Cuidados Médicos de EE.UU.

Involucrarse en el tratamiento hace que la persona se sienta más confiada de que no está dejando al médico hacer algo que después va a rechazar. También se puede estar seguro de que no se está siendo ignorado. Informarse acerca de la propia condición ayuda, por último, a darse cuenta que se han explorado tales vías de tratamiento posible, y, que si no resulta una, quedan tantas otras posibilidades.

Relación con el médico

Relación con el médico

SIN VERGÜENZA

La buena comunicación es la mejor herramienta para ser un paciente informado. Preguntar correctamente y recibir respuestas precisas y entendibles es de la mayor importancia. En lugar de pensar que un exceso de preguntas molestan al doctor, el paciente debe entender que tiene derecho a preguntar lo que quiera. Es buena idea tomar notas o llevar a alguien a la consulta para que no queden cosas en el tintero, o para no confundirse con toda la información que el médico entregue.

Preguntando, se puede descubrir si el médico es o no experto en un tema, aunque está claro que para el médico es imposibe saber todas las respuestas, sobre todo porque muchas de ellas varían de acuerdo a la persona y no todo se puede predecir.

Algunas preguntas que generalmente se hacen son: ¿Qué causó el problema?, ¿cómo se trata?, ¿existe otro tratamiento?, ¿cuánto me durará el problema?, ¿necesitaré medicación?, ¿puede volver a aparecer el problema?, ¿qué consecuencias traerá la enfermedad en el futuro?, ¿qué clase de exámenes necesitaré, para qué sirven y qué significan sus resultados?, ¿en cuánto tiempo me recuperaré?, ¿tendré que hacer cambios en mi estilo de vida? Para complementar estar respuestas, es bueno hacer alguna investigación por cuenta propia. Internet rebosa de información médica que puede servir.

Si una cirugía es necesaria, el paciente firma un acuerdo en el que dice estar al tanto de los riesgos, beneficios y alternativas de tratamiento. Al firmar este documento, se debe estar seguro de entender lo que significa y presentar una lista de los riesgos asociados al procedimiento. Tomarse un tiempo en esto es importantísimo; sólo ante una emergencia se justifica lanzarse sin conocimientos hacia alguna terapia médica.

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